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Zombieland


















Las películas de zombies han dejado de ser parte del cine de terror para convertirse en un subgénero dentro de las llamadas películas clase B.

Atrás quedaron las míticas cintas de George Romero con su crítica social sobre la decadencia del mundo moderno y el libre mercado, para dar paso a un cúmulo de historias que utilizan el mismo recurso con el sólo objetivo de entretener, algo que a mi juicio no está mal, pero que resta cierto romanticismo al género.

Pero viéndolo de otro modo, cada cierto tiempo aparece una película que destaca por sobre las demás, ya sea por su historia o simplemente porque supo capturar aquello que el espectador (asiduo a estas cintas) anda buscando.

Creo que es el caso de Zombieland de Ruben Fleischer, una producción de bajo presupuesto (apenas 25 millones de dólares) que se ha convertido en un fenómeno de taquilla gracias a los buenos comentarios y críticas que ha generado tras su estreno.

La historia, bastante simple por lo demás, sigue la senda marcada por sus antecesoras. Un grupo de personas deben sobrevivir en un mundo invadido por muertos vivos que fueron contaminados por un virus, pero nadie sabe como comenzó y la verdad...a nadie le importa mucho.

En este mundo apocalíptico, Columbus (Jesse Eisenberg), un joven cobarde y lleno de manías, debe enfrentar sus más grandes temores para sobrevivir en una travesía llena de obstáculos a la que se suman otros tres personajes , empezando por el rudo Tallahassse (Woody Harrelson), cuyo único objetivo es conseguir un pastelito relleno con crema conocido como Twinkie, y dos hermanas adolescentes y estafadoras, Wichita (Emma Stone) y Little Rock (Abigail Breslin), quienes le pondrán la cuota de picardía a esta "road history" de fin del mundo.

La crítica

Sobre la apuesta visual debo decir que me pareció adecuada. La secuencia en cámara lenta del principio (bastante larga) sirve para dar el contexto de la historia y nos permite anticipar lo que vendrá.

Desde el punto de vista del ritmo, es una cinta dinámica, entretenida y llena de humor, para quienes gustan de la ironía y los chistes negros.

Considero que el guión, los personajes y particularmente las actuaciones hacen de esta película algo especial y que de seguro dará más de una sorpresa a aquellos que no están acostumbrados a ver este tipo de cintas.

En fin...vayan a verla al cine.




Fiesta Patria
















S
i de películas chilenas se trata, actualmente podemos encontrar de muchos tipos. Algunas han sido grandes aciertos y otros definitivamente no. Fiesta Patria, un largometraje de Luis Vera, es o trata de ser, un metáfora del Chile actual con sus incongruencias sociales. Sí es verdad, a pesar de los años, vivimos en un país que sigue dividido por la historia reciente y que trata de ocultar sus diferencias sociales a través de un cada vez más pujante Estado de Libre Mercado disfrazado de Gobierno Popular.

Pero bueno, esto no es un manifiesto político. La película es excesiva en todos los aspectos. Trata de abarcar tanto que no da abasto. Su falta de síntesis y sentido de la historia hacen que el espectador se pierda entre una infinidad de personajes que aparecen de la nada y que representan una caricatura de aquellos seres que supuestamente pueblan nuestra fauna nacional.

Por un lado, tenemos una familia conservadora con un drama a cuestas que se devela al final de la cinta, y por otro, una familia totalmente opuesta que perteneció al Partido Comunista y que ahora disfruta de los réditos de 15 años de gobierno sirviendo como funcionarios públicos.

La excusa para juntarlos es el matrimonio de los hijos menores, dos veinteañeros que representan nuestro presente, pero que como exponentes o representantes nos hacen un flaco favor.

Esta película, sin duda, trata de reeditar aquellas producciones que se hicieron a principios de los 90, tales como La Frontera o La Luna en el Espejo, utilizando la metáfora como recurso principal. Sin embargo, ni la idea ni la cinta logran ese efecto.

Definitivamente esta es una película olvidable, anclada en pasado aburrido y mezquino, y no merece mayor análisis. Creo que aún así estoy siendo bastante amable con una producción mediocre y sin clase. Señor Vera, el que sabe, sabe; lo demás, aplauden. Por mi parte, me levanto de la butaca y me voy.

Watchmen


Publicada entre 1986 y 87, fue calificada como una de las obras gráficas más importantes de todos los tiempos. Watchmen es la historia de un grupo de superhéroes que lucha por la justicia en una realidad alterna, en donde todos los hechos que conocemos como ciertos han sido distorcionados.
La película comienza al son de “The Times They Are A-Changin’” de Bob Dylan, lo mejor de la película para mi gusto. Destaca la fotografía y el uso del color, pues cada cuadro es una viñeta donde es posible ver a los personajes en algunos momentos de su pasado.

En general Watchmen funciona a pesar su duración: dos horas y cuarenta y tres minutos. Lamentablemente Zack Snyder, y lo demostró en 300, no es capaz de mantener a una audiencia cautiva durante todo ese tiempo. Si la comparamos con Batman El Caballero de la Noche ( dos horas y veinte minutos) podemos ver que la extensión no es una excusa. Snyder desaprovecha momentos preciosos, corta la tensión y no desarrolla a sus personajes. Tres elementos fundamentales en una buena película.

Llevar Watchmen a la pantalla grande era un desafío enorme. La actitud de esta historia oscura y compleja la hacen un producto de nicho, a pesar de la temática basada en superhéroes. Cada uno de los protagonistas carga con una serie atributos físicos y sicológicos que los hacen únicos. Es lo que distingue a Alan Moore de otros escritores de historietas, él siempre busca plasmar aquellos conflictos existenciales que lo aquejan a través de sus personajes, lo que no está reflejado en la película. La excepción a la regla es Jackie Earle Haley quien encarna a Rorschach, lejos el punto más alto de la cinta. Su voz y la intención en su interpretación dieron vida a un personaje memorable que se lleva por sí solo el peso dramático de la cinta, en contraste con el resto del elenco.

En fin, una película que dejará conforme a algunos -los menos exigentes- pero que sin duda, quedará en deuda con los amantes del buen cine.

Slumdog Millionaire














Cómo explicar una sensación cuando no encuentras las palabras adecuadas. Cómo admirar el talento humano cuando parece divino. Cómo llevar a ustedes aquello que vi y que todavía recuerdo.

Slumdog Millionaire es una estrella que brilla sola en el firmamento y como todas las estrellas debe ser vista desde lejos. En su centro está Jamal -"el chico del té"-, cuyo destino es competir en el programa más visto de la India. Las preguntas: la escusa para contar una de las mejores historias de los últimos tiempos.

Danny Boyle es sin lugar a dudas uno de los mejores "cuentistas" del cine actual. Su talento desbordante es capaz de mostrar la realidad humana con una sensibilidad exquisita, sin caer en el cliché ni en las descalificaciones moralistas tan propias del cine primer mundista.

Puede ser que Slumdog Millionaire no sea un descubrimiento cinematográfico, ni tampoco la mejor película de este director británico, tampoco lo pienso. Pero una cosa es cierta: es honesta.

Algunos críticos han dicho que no se merecía los ocho premios Oscar, que ha sido un invento, una mentira. Yo les digo a ellos que entre tanta basura, han perdido su capacidad de asombro, ya no valoran la belleza que es capaz de manifestarse incluso solapada entre la pobreza y la desesperanza.

Slumdog es un recorrido vertiginoso a través de la India pobre y miserable. La saturación del color de sus planos hiperquinéticos guían el ojo del espectador por un viaje que exalta los sentidos. El montaje impecable, nos hace sentir la sensación y el nerviosismo del concursante que evoca de tiempo en tiempo sus aventuras infantiles para explicar por qué sabe todas las respuestas. Una historia al ritmo de los latidos del corazón de una audiencia comprometida con el destino de un hombre que lucha por vivir su sueño.

Entre vivos y muertos

























Una madre enferma, un hijo esquizofrénico y un padre parco y frío. Tres personajes grises que viven en una casona infinita donde sólo comparten el aire que respiran y cuya rutina es capaz de enfermar hasta al más resistente de los espectadores. A mí me dejó hastiado, con una sensación horrible en el estómago. Una historia traumática, que roza el melodrama.

La madre, siempre sufriente, me recordó un poco a Gritos y Susurros de Ingmar Bergman. Tal vez un guiño al gran maestro, pero la verdad que la cosa no va por ahí. Debo decir de antemano que esta película no me gustó. Me pongo el parche antes de la herida para no caer en un ensañamiento innecesario.

Durante su desarrollo podemos ver a estos tres personajes perseguidos por la fatalidad, hebras retorcidas cuyo destino se augura trágico desde un principio. El hijo imbécil, personaje abominable, en un principio acapara la atención y su aura de inocencia genera cierta compasión, sin embargo, sus bajos instintos y sus actos irresponsables lo transforman en el antagonista de la historia.

Larga y falta de ritmo. El tratamiento realista se rompe con la alteración del tiempo en las secuencias del hijo corriendo por las escaleras. Un recurso innecesario y antojadizo. Al parecer, después de Requiem por un Sueño, cosas de este tipo no se justifican si no se tiene el talento necesario.

No quiero contarles el final, hay que verlo, pero les advierto, tenga una bolsa o balde muy cerca para no manchar la alfombra.



Viernes 13
























Cumplió con las expectativas. El remake de Viernes 13 tiene todo lo que se podría esperar. Evocaciones a las anteriores partes de la saga, guiños característicos de la película original y lo más importante, asesinatos, muchos asesinatos.

Jason Voorhees esta vez asume el control de la historia desde el primer momento. Atrás quedaron los tiempos en que la señora Voorhees era la asesina, vuelco magistral a cargo de Sean S. Cunninghan- quien nunca quiso que Jason fuera el asesino- ahora el niño mimado del cine de horror agarra el machete por el mango y comienza a cortar cabezas desde los primeros minutos.

La nueva versión de este clásico de horror cayó a manos de Marcus Nispel, el mismo de La Gran Masacre en Texas, que junto a Michel Bay nos traen una propuesta efectiva y mejorada de la clásica ochentera. Una cinta acorde con los tiempos actuales en donde nadie tiene tiempo para nada.

Lo más notable de esta película es que recoge la esencia de las primeras tres entregas de la saga. En ellas Jason no tenía el aura de zombie que adquiere luego de la sexta parte. En esta nueva película podemos ver a un asesino en serie que da miedo y también descubrimos por qué siempre está un paso antes que las víctimas a pesar de que nunca corre. (siempre me hacía esa pregunta cuando niño).

En general es una película redonda. No decepcionará a los fanáticos y también cautivará a un público joven, amante del cine de horror. Además y siguiendo con la tradición de Viernes 13 queda abierta la puerta para una secuela, no sería raro tener noticias el próximo año.

Indiana Jones y el reino de la calabera de cristal











Dicen que todo tiempo pasado fue mejor y esta no es la excepción. Ya pasaron más de 20 años desde el estreno de "Indiana Jones en busca del arca perdida", la primera entrega de la multimillonaria y taquillera saga de los dos alquimistas del cine norteamericano, George Lucas y Steven Spielberg, quienes vuelven para resucitar a uno de sus más recordados personajes.

Sin embargo, el tiempo pasa y nos vamos volviendo viejos. Harrison Ford ya no es el hombre atlético de antaño y sus piruetas ahora se ven bastante trabajosas y hasta increíbles. Pero ese no es el punto. La película no es una propuesta en ningún aspecto. Puede dejar conforme a los fanáticos, quienes esperaron años para ver la nueva aventura del legendario arqueólogo, pero tal vez resulte decepcionante para los nuevos cinéfilos que no conocieron al misterioso cavador de tumbas de látigo y sombrero.

La película entretiene. La actuación del joven Shia La Beouf (el hijo de Indi) deja en claro su incipiente talento, el ya demostró en Paranoia y Los Trasnformers. Pero la historia no tiene elementos interesantes. El guión no sorprende, no engancha, está lleno de imprecisiones y deja en claro que Latinoamérica es sólo un pueblo al sur de Estados Unidos. Imagínense que Pancho Villa le enseñó a hablar Quechua a Indiana y que en Perú se escuchan rancheras (jajaja, perdonen, pero no lo puedo evitar). Realmente la ignorancia yanqui no tiene límites. Por último, el personaje de Kate Blanchet es opaco, amachado y desagradable y no le permite hacer gala de su gran talento y de su exuberante belleza.

Luego de unos cuantos balazos y peleas inverosímiles la historia desemboca en un final que me recordó a la segunda parte de la Momia y las malísimas Tomb Rider. Los efectos digitales hace mucho por esta película que carece de todo aquello que nos entregó Spielberg en los 80.

El incidente
















Parece que a M. Night Shyamalan se le están acabando las ideas. El mismo director de origen indio que en 1999 deslumbró al mundo con uno de los finales más inteligentes del cine ahora llega con su última producción, una película pobre, aburrida, predecible y grandilocuente.

Usando un tono apocalíptico que raya en el cliche, Shyamalan cuenta la historia de un desastre natural inexplicable que pone en riesgo a la raza humana (particularmente a los norteamericanos). La película parte bien, engancha. Las primeras escenas en el parque dan a entender que algo tremendo se aproxima, pero no... todo se derrumba lentamente a través de un relato lento y forzado.

Uno de los puntos más bajos de la cinta es el reparto. Si bien Mark Wahlberg ha logrado una que otra interpretación destacable, definitivamente esta no es una de ellas. Acá aparece como un profesor amable, educado y de modales refinados, muy alejado a aquellos personajes rudos que acostumbra a interpretar. Usando falsete trata de conectarse con la emotividad del personaje, pero no lo logra ni por un instante.

El incidente es diferente a las otras películas del director indio. Acá no utiliza negros para dividir las escenas (tan bien utilizados en "Sexto sentido"), ni tampoco hay vuelta de tuerca al final, aunque mantiene el estilo narrativo que lo ha caracterizado a través de su carrera.

Finalmente, estamos en presencia de una cinta carente de tensión (ni dramática y ni narrativa, ni visual), poco creíble y hasta ridícula. Una historia digna de un principiante y no de un tipo que tiene casi 10 películas en el cuerpo y que además estuvo a punto de ganar el oscar. Mejor suerte para la próxima.

Tres Días

















¿Qué hace que un hombre luche por proteger la vida de unos niños cuando la humanidad está a condenada a desaparecer? ¿Cuál es el verdadero sentido de la existencia? ¿Qué harías si te quedaran sólo tres días de vida? Estas son sólo algunas de las preguntas que plantea "3 días," cinta española de ciencia ficción estrenada a comienzos de año.

No es española. Esa parece ser la premisa del primer largometraje de Jaime Gutiérrez, un abogado de profesión que optó por dedicarse al cine. Una producción ibérica que no tiene nada que envidiarle a las grandes producciones norteamericanas. Un thriller trágico, cargado de suspenso, cuyo telón de fondo es el armagedón.

Al contrario de lo que podría pensarse, la historia no ronda en torno al fin del mundo sino a las personas. Elemento interesante y para mi gusto bastante innovador. La solvencia de las interpretaciones aporta una tensión constante que se ve mermada solamente cuando el relato se ralentisa debido al exceso de elementos visuales y fotográficos. Esto ocurre sobre todo en la mitad de la película donde el relato pierde fuerza y se torna un tanto tedioso.

A pesar de lo anterior, durante el descenlace la historia retoma su rumbo inicial y la curva es ascendente. Un buen final, pero con sabor amargo.



Rec VS Quarantine















Toda mi vida he visto películas subtituladas. Es una costumbre tan grande que los coloco en la pantalla aún cuando comprenda el idioma. A los gringos les pasa lo mismo, pero al revés. No pueden ver una película subtitulada ni a cañones. Para solucionar el problema inventaron una fórmula mágica y muy "económica": hacer las películas de nuevo, calcadas al original, cambiando a los protagonistas y las locaciones.

La última víctima de las garras de Hollywood, o debo decir, la última favorecida por la industria norteamericana es la estupenda "Rec", película española co-dirigida por Jaume Balagueró (La secta de los sin nombre) y Paco Plaza.

Todo un fenómeno resultó ser esta modesta producción luego de su estreno en 2007. Tras la exitosa aparición de "El Orfanato" de Juan Antonio Bayona en septiembre del mismo año se estrena esta fabulosa película de suspenso y horror que deja muy en alto al cine hispano.

Haciendo gala de conocer bien el género, Balagueró y Plaza configuran una historia dinámica y envolvente que se desarrolla vertiginosamente desde el comienzo. Su estética particular, lograda por el uso de la cámara en mano, le da a esta película una atmósfera de reality. Aquí el espectador pasa a ser protagonista. Se transforma en testigo y cómplice de la historia. Una dosis de tensión y vértigo difícil de olvidar.

Para quienes todavía no la hayan visto un consejo: diríjanse al video club más cercano y arriéndela. Siéntese en su sillón favorito y prepárese para disfrutar de una de las mejores películas de horror hechas en el último tiempo. Mejor aún, prepárese para disfrutar de una de las mejores películas de horror hechas en nuestro idioma, antes de que otro bodrio norteamericano borre del imaginario colectivo los méritos de una gran película.

Estos son los trailers, vean y comparen.




Insanitarium
















Cuantas veces hemos visto buenas historias convertirse en malas películas. Cuantas veces tendremos que aceptar que buenos guiones terminen convertidos en productos de mala calidad, efectistas y sin el más mínimo sentido estético.

Una cosa es homenajear a los grandes clásicos e introducir variantes en un género tan complicado como es el horror, pero otra cosa es copiar y copiar mal. Quienes hayan visto Insanitarium de Jeff Buhler se habrán dado cuenta de su obstinado y absurdo intento por imitar al pie de la letra secuencias de la película "28 días después", añadiéndoles "extra ketchup" y así darle ese toque de gore propio del género.

Una vez más vemos como un director carente de imaginación es capaz de reproducir palmo a palmo escenas completas e incluir en la banda sonora temas que remiten claramente a otras películas, lo que junto con ser de mal gusto es impresentable. (fíjense en la escena final, cuando los protagonistas huyen de los enfermos psiquiátricos.)

Insanitarium es una película predecible. Si bien uno no espera que se produzcan grandes sorpresas en un guión tan obvio, si se espera que se trabaje bien con los elementos que se tienen a disposición. Primero, el casting es malo. Un chico bonito, musculoso (Jesse Metcalfe) intenta hacerse pasar por loco para poder ver a su hermana que se encuentra internada en un hospital psiquiátrico. Definitivamente uno de los puntos más bajos. Su interpretación es pobre, no convence ni al más inexperto espectador.

Segundo, la historia se desenvuelve de forma tediosa. No hay quiebre, ni sobresaltos en la trama. El típico científico loco (en este caso un psiquiatra) que experimenta con sus pacientes y estos finalmente terminan convertidos en seres sedientos de sangre y venganza. Del suspenso, ni hablar.

Por último, quiero rescatar lo positivo: es corta. Tan sólo dura 89 minutos. Recomendable para principiantes.

Tony Manero


Crítica por E.C.

Si pudiera definir a Tony Manero en dos palabras, éstas serían: patética y magistral. ¿Por qué? Primero, porque el personaje que interpreta Alfredo Castro es asqueroso, repugnante y fascinante y segundo, porque creo que Pablo Larraín aprendió la lección.

Hacer cine en un país como Chile es difícil. La gente prefiere ir a ver películas gringas, privilegian el entretenimiento barato y además no tienen cultura cinéfila. Ir al cine equivale a pasar encerrado dos horas en una pieza oscura, consumir pop corn y tomar coca-cola, mientras una veintena de autos se destrozan en la gran pantalla. Así es señores, contar con producciones nacionales de calidad es un lujo que no podemos pasar por alto.

Cuando fui a ver la primera película de Pablo Larraín, salí decepcionado. Claramente había una buena idea detrás, sin embargo, no la supo desarrollar- pensé-. Fuga era un experimento ambicioso y complejo para un debutante-no quiero decir que no valore el atrevimiento-, pero no llegó a buen puerto. La historia era intrincada y se desarrollaba de manera lenta y poco clara. Muchos personajes eran prescindibles y despreciables, basta mencionar a los músicos que se niegan a tocar la partitura del compositor. En fin, las cosas no salieron bien para Larraín.

Pero como en la vida, siempre hay una segunda oportunidad, sólo hay que buscarla y voilà. Pablo Larraín estrena su segunda película y gana la incondicionalidad de la crítica internacional. A propósito de esto, no puedo dejar pasar la oportunidad para decir- a los que aún no lo sepan- que en nuestro país para que una obra artística sea apreciada como se merece primero debe ser galardonada o elogiada fuera de nuestras fronteras, luego de ello nuestros excelentísimos, pero miopes críticos, periodistas y autoridades logran ver cuanto talento hay en esta larga y angosta faja de tierra, pero eso es cuento aparte.

Luego de pasar por Cannes y ser galardonada en el Festival de Cine Latinoamericano de Tokio, Tony Manero llega a nuestras salas locales. En la cinta, Alfredo Castro interpreta a un asesino psicópata obsesionado con el personaje de John Travolta en Fiebre de Sábado por la Noche.

Raúl Peralta es un cinquentón solitario y reservado. No trabaja y vive en una pensión junto a su pareja. Su pasatiempo es ir al cine a ver una y otra vez "Fiebre" mientras recita de memoria- en un pésimo inglés- los parlamentos de su ídolo. A diferencia de Fuga, Tony Manero es una historia modesta. La trama gira exclusivamente en torno al personaje de Peralta y todos quienes lo rodean ayudan a contar la historia. A diferencia de otros directores, Larraín no cayó en la tentación de colocar a actores inexpertos en los roles de reparto, por el contrario el elenco es sólido y creíble.

La película fue rodada en los barrios antiguos de Santiago (presumo que en Independencia por la cercanía con el río Mapocho). Se utilizaron casas de fachadas continuas y calles con adoquines para crear una atmósfera triste y añosa. Otro punto importante es la iluminación y el ruido añadido en la posproducción, elementos que entregan un efecto visual interesante, que potencia la sensación de volver en el tiempo.

La Película, a pesar de estar ambientada en 1978 no es una cinta política ( pues ya tenemos de sobra), sino todo lo contrario. El Régimen Militar sirve como un elemento narrativo para aumentar la sensación de agobio que inunda esta historia. El personaje de Raúl Peralta siempre está asustado, paranoico. Se mueve por las calles vacías y reacciona con temor cada vez que una sirena suena o escucha algún silbido. Los recursos sonoros -ruidos fuera de campo- aportan mucho a la hora de aumentar el temor que siente el personaje.

No hay música incidental y la banda sonora está compuesta por algunos temas de la película Fiebre de Sábado... y una que otra canción popular que el protagonista escucha durante los ensayos para su debut televisivo. La apuesta fotográfica es interesante, en consonancia con recientes producciones europeas como 4 meses, 2 semanas, 2 días, sin embargo, la iluminación en algunos momentos es bastante pobre. El relato audiovisual es claro y el montaje adecuado, aunque se hecha de menos quiebres en la temporalidad, sobre todo en el final, donde hubiese sido un elemento interesante.

A estás alturas no puedo más que recalcar que Tony Manero es una gran historia y por ende una gran película (aunque no todas las buenas historias se convierten en buenas películas). Sin embargo, y me da pena decirlo, la cinta de Larraín no se escapa de la regla de oro del cine chileno, -¿cuál es? Me refiero a los finales abruptos que dejan al espectador con un signo de interrogación del porte de un buque sobre la cabeza, pues existe una tendencia marcada en nuestros realizadores "serios" (dígase directores con contenido) en darle a sus narraciones finales abiertos y poco claros, abusando de la buena fe del público.

Un buen final es como el sabor que queda en la boca luego de paladear un buen vino, o como la estela que deja al pasar un exquisito perfume. Es un regalo, algo que se prenda y que queda en el inconciente de quien dispuesto generosamente dos horas de su vida para disfrutar un momento mágico. Por lo tanto no puede ser descuidado aludiendo siempre a una postura alternativa que más que a razón estética suena a "chiva" perezosa. Sin duda, es algo que sigue pendiente, en fin...