Publicada entre 1986 y 87, fue calificada como una de las obras gráficas más importantes de todos los tiempos. Watchmen es la historia de un grupo de superhéroes que lucha por la justicia en una realidad alterna, en donde todos los hechos que conocemos como ciertos han sido distorcionados.
La película comienza al son de “The Times They Are A-Changin’” de Bob Dylan, lo mejor de la película para mi gusto. Destaca la fotografía y el uso del color, pues cada cuadro es una viñeta donde es posible ver a los personajes en algunos momentos de su pasado.
En general Watchmen funciona a pesar su duración: dos horas y cuarenta y tres minutos. Lamentablemente Zack Snyder, y lo demostró en 300, no es capaz de mantener a una audiencia cautiva durante todo ese tiempo. Si la comparamos con Batman El Caballero de la Noche ( dos horas y veinte minutos) podemos ver que la extensión no es una excusa. Snyder desaprovecha momentos preciosos, corta la tensión y no desarrolla a sus personajes. Tres elementos fundamentales en una buena película.
Llevar Watchmen a la pantalla grande era un desafío enorme. La actitud de esta historia oscura y compleja la hacen un producto de nicho, a pesar de la temática basada en superhéroes. Cada uno de los protagonistas carga con una serie atributos físicos y sicológicos que los hacen únicos. Es lo que distingue a Alan Moore de otros escritores de historietas, él siempre busca plasmar aquellos conflictos existenciales que lo aquejan a través de sus personajes, lo que no está reflejado en la película. La excepción a la regla es Jackie Earle Haley quien encarna a Rorschach, lejos el punto más alto de la cinta. Su voz y la intención en su interpretación dieron vida a un personaje memorable que se lleva por sí solo el peso dramático de la cinta, en contraste con el resto del elenco.
En fin, una película que dejará conforme a algunos -los menos exigentes- pero que sin duda, quedará en deuda con los amantes del buen cine.

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