Cumplió con las expectativas. El remake de Viernes 13 tiene todo lo que se podría esperar. Evocaciones a las anteriores partes de la saga, guiños característicos de la película original y lo más importante, asesinatos, muchos asesinatos.
Jason Voorhees esta vez asume el control de la historia desde el primer momento. Atrás quedaron los tiempos en que la señora Voorhees era la asesina, vuelco magistral a cargo de Sean S. Cunninghan- quien nunca quiso que Jason fuera el asesino- ahora el niño mimado del cine de horror agarra el machete por el mango y comienza a cortar cabezas desde los primeros minutos.
La nueva versión de este clásico de horror cayó a manos de Marcus Nispel, el mismo de La Gran Masacre en Texas, que junto a Michel Bay nos traen una propuesta efectiva y mejorada de la clásica ochentera. Una cinta acorde con los tiempos actuales en donde nadie tiene tiempo para nada.
Lo más notable de esta película es que recoge la esencia de las primeras tres entregas de la saga. En ellas Jason no tenía el aura de zombie que adquiere luego de la sexta parte. En esta nueva película podemos ver a un asesino en serie que da miedo y también descubrimos por qué siempre está un paso antes que las víctimas a pesar de que nunca corre. (siempre me hacía esa pregunta cuando niño).
En general es una película redonda. No decepcionará a los fanáticos y también cautivará a un público joven, amante del cine de horror. Además y siguiendo con la tradición de Viernes 13 queda abierta la puerta para una secuela, no sería raro tener noticias el próximo año.

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