Parece que a M. Night Shyamalan se le están acabando las ideas. El mismo director de origen indio que en 1999 deslumbró al mundo con uno de los finales más inteligentes del cine ahora llega con su última producción, una película pobre, aburrida, predecible y grandilocuente.
Usando un tono apocalíptico que raya en el cliche, Shyamalan cuenta la historia de un desastre natural inexplicable que pone en riesgo a la raza humana (particularmente a los norteamericanos). La película parte bien, engancha. Las primeras escenas en el parque dan a entender que algo tremendo se aproxima, pero no... todo se derrumba lentamente a través de un relato lento y forzado.
Uno de los puntos más bajos de la cinta es el reparto. Si bien Mark Wahlberg ha logrado una que otra interpretación destacable, definitivamente esta no es una de ellas. Acá aparece como un profesor amable, educado y de modales refinados, muy alejado a aquellos personajes rudos que acostumbra a interpretar. Usando falsete trata de conectarse con la emotividad del personaje, pero no lo logra ni por un instante.
El incidente es diferente a las otras películas del director indio. Acá no utiliza negros para dividir las escenas (tan bien utilizados en "Sexto sentido"), ni tampoco hay vuelta de tuerca al final, aunque mantiene el estilo narrativo que lo ha caracterizado a través de su carrera.
Finalmente, estamos en presencia de una cinta carente de tensión (ni dramática y ni narrativa, ni visual), poco creíble y hasta ridícula. Una historia digna de un principiante y no de un tipo que tiene casi 10 películas en el cuerpo y que además estuvo a punto de ganar el oscar. Mejor suerte para la próxima.

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