Si de películas chilenas se trata, actualmente podemos encontrar de muchos tipos. Algunas han sido grandes aciertos y otros definitivamente no. Fiesta Patria, un largometraje de Luis Vera, es o trata de ser, un metáfora del Chile actual con sus incongruencias sociales. Sí es verdad, a pesar de los años, vivimos en un país que sigue dividido por la historia reciente y que trata de ocultar sus diferencias sociales a través de un cada vez más pujante Estado de Libre Mercado disfrazado de Gobierno Popular.
Pero bueno, esto no es un manifiesto político. La película es excesiva en todos los aspectos. Trata de abarcar tanto que no da abasto. Su falta de síntesis y sentido de la historia hacen que el espectador se pierda entre una infinidad de personajes que aparecen de la nada y que representan una caricatura de aquellos seres que supuestamente pueblan nuestra fauna nacional.
Por un lado, tenemos una familia conservadora con un drama a cuestas que se devela al final de la cinta, y por otro, una familia totalmente opuesta que perteneció al Partido Comunista y que ahora disfruta de los réditos de 15 años de gobierno sirviendo como funcionarios públicos.
La excusa para juntarlos es el matrimonio de los hijos menores, dos veinteañeros que representan nuestro presente, pero que como exponentes o representantes nos hacen un flaco favor.
Esta película, sin duda, trata de reeditar aquellas producciones que se hicieron a principios de los 90, tales como La Frontera o La Luna en el Espejo, utilizando la metáfora como recurso principal. Sin embargo, ni la idea ni la cinta logran ese efecto.
Definitivamente esta es una película olvidable, anclada en pasado aburrido y mezquino, y no merece mayor análisis. Creo que aún así estoy siendo bastante amable con una producción mediocre y sin clase. Señor Vera, el que sabe, sabe; lo demás, aplauden. Por mi parte, me levanto de la butaca y me voy.

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