Cómo explicar una sensación cuando no encuentras las palabras adecuadas. Cómo admirar el talento humano cuando parece divino. Cómo llevar a ustedes aquello que vi y que todavía recuerdo.
Slumdog Millionaire es una estrella que brilla sola en el firmamento y como todas las estrellas debe ser vista desde lejos. En su centro está Jamal -"el chico del té"-, cuyo destino es competir en el programa más visto de la India. Las preguntas: la escusa para contar una de las mejores historias de los últimos tiempos.
Danny Boyle es sin lugar a dudas uno de los mejores "cuentistas" del cine actual. Su talento desbordante es capaz de mostrar la realidad humana con una sensibilidad exquisita, sin caer en el cliché ni en las descalificaciones moralistas tan propias del cine primer mundista.
Puede ser que Slumdog Millionaire no sea un descubrimiento cinematográfico, ni tampoco la mejor película de este director británico, tampoco lo pienso. Pero una cosa es cierta: es honesta.
Algunos críticos han dicho que no se merecía los ocho premios Oscar, que ha sido un invento, una mentira. Yo les digo a ellos que entre tanta basura, han perdido su capacidad de asombro, ya no valoran la belleza que es capaz de manifestarse incluso solapada entre la pobreza y la desesperanza.
Slumdog es un recorrido vertiginoso a través de la India pobre y miserable. La saturación del color de sus planos hiperquinéticos guían el ojo del espectador por un viaje que exalta los sentidos. El montaje impecable, nos hace sentir la sensación y el nerviosismo del concursante que evoca de tiempo en tiempo sus aventuras infantiles para explicar por qué sabe todas las respuestas. Una historia al ritmo de los latidos del corazón de una audiencia comprometida con el destino de un hombre que lucha por vivir su sueño.

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