Si pudiera definir a Tony Manero en dos palabras, éstas serían: patética y magistral. ¿Por qué? Primero, porque el personaje que interpreta Alfredo Castro es asqueroso, repugnante y fascinante y segundo, porque creo que Pablo Larraín aprendió la lección.
Hacer cine en un país como Chile es difícil. La gente prefiere ir a ver películas gringas, privilegian el entretenimiento barato y además no tienen cultura cinéfila. Ir al cine equivale a pasar encerrado dos horas en una pieza oscura, consumir pop corn y tomar coca-cola, mientras una veintena de autos se destrozan en la gran pantalla. Así es señores, contar con producciones nacionales de calidad es un lujo que no podemos pasar por alto.
Cuando fui a ver la primera película de Pablo Larraín, salí decepcionado. Claramente había una buena idea detrás, sin embargo, no la supo desarrollar- pensé-. Fuga era un experimento ambicioso y complejo para un debutante-no quiero decir que no valore el atrevimiento-, pero no llegó a buen puerto. La historia era intrincada y se desarrollaba de manera lenta y poco clara. Muchos personajes eran prescindibles y despreciables, basta mencionar a los músicos que se niegan a tocar la partitura del compositor. En fin, las cosas no salieron bien para Larraín.
Pero como en la vida, siempre hay una segunda oportunidad, sólo hay que buscarla y voilà. Pablo Larraín estrena su segunda película y gana la incondicionalidad de la crítica internacional. A propósito de esto, no puedo dejar pasar la oportunidad para decir- a los que aún no lo sepan- que en nuestro país para que una obra artística sea apreciada como se merece primero debe ser galardonada o elogiada fuera de nuestras fronteras, luego de ello nuestros excelentísimos, pero miopes críticos, periodistas y autoridades logran ver cuanto talento hay en esta larga y angosta faja de tierra, pero eso es cuento aparte.
Luego de pasar por Cannes y ser galardonada en el Festival de Cine Latinoamericano de Tokio, Tony Manero llega a nuestras salas locales. En la cinta, Alfredo Castro interpreta a un asesino psicópata obsesionado con el personaje de John Travolta en Fiebre de Sábado por la Noche.
Raúl Peralta es un cinquentón solitario y reservado. No trabaja y vive en una pensión junto a su pareja. Su pasatiempo es ir al cine a ver una y otra vez "Fiebre" mientras recita de memoria- en un pésimo inglés- los parlamentos de su ídolo. A diferencia de Fuga, Tony Manero es una historia modesta. La trama gira exclusivamente en torno al personaje de Peralta y todos quienes lo rodean ayudan a contar la historia. A diferencia de otros directores, Larraín no cayó en la tentación de colocar a actores inexpertos en los roles de reparto, por el contrario el elenco es sólido y creíble.
La película fue rodada en los barrios antiguos de Santiago (presumo que en Independencia por la cercanía con el río Mapocho). Se utilizaron casas de fachadas continuas y calles con adoquines para crear una atmósfera triste y añosa. Otro punto importante es la iluminación y el ruido añadido en la posproducción, elementos que entregan un efecto visual interesante, que potencia la sensación de volver en el tiempo.
La Película, a pesar de estar ambientada en 1978 no es una cinta política ( pues ya tenemos de sobra), sino todo lo contrario. El Régimen Militar sirve como un elemento narrativo para aumentar la sensación de agobio que inunda esta historia. El personaje de Raúl Peralta siempre está asustado, paranoico. Se mueve por las calles vacías y reacciona con temor cada vez que una sirena suena o escucha algún silbido. Los recursos sonoros -ruidos fuera de campo- aportan mucho a la hora de aumentar el temor que siente el personaje.
No hay música incidental y la banda sonora está compuesta por algunos temas de la película Fiebre de Sábado... y una que otra canción popular que el protagonista escucha durante los ensayos para su debut televisivo. La apuesta fotográfica es interesante, en consonancia con recientes producciones europeas como 4 meses, 2 semanas, 2 días, sin embargo, la iluminación en algunos momentos es bastante pobre. El relato audiovisual es claro y el montaje adecuado, aunque se hecha de menos quiebres en la temporalidad, sobre todo en el final, donde hubiese sido un elemento interesante.
A estás alturas no puedo más que recalcar que Tony Manero es una gran historia y por ende una gran película (aunque no todas las buenas historias se convierten en buenas películas). Sin embargo, y me da pena decirlo, la cinta de Larraín no se escapa de la regla de oro del cine chileno, -¿cuál es? Me refiero a los finales abruptos que dejan al espectador con un signo de interrogación del porte de un buque sobre la cabeza, pues existe una tendencia marcada en nuestros realizadores "serios" (dígase directores con contenido) en darle a sus narraciones finales abiertos y poco claros, abusando de la buena fe del público.
Un buen final es como el sabor que queda en la boca luego de paladear un buen vino, o como la estela que deja al pasar un exquisito perfume. Es un regalo, algo que se prenda y que queda en el inconciente de quien dispuesto generosamente dos horas de su vida para disfrutar un momento mágico. Por lo tanto no puede ser descuidado aludiendo siempre a una postura alternativa que más que a razón estética suena a "chiva" perezosa. Sin duda, es algo que sigue pendiente, en fin...
Hacer cine en un país como Chile es difícil. La gente prefiere ir a ver películas gringas, privilegian el entretenimiento barato y además no tienen cultura cinéfila. Ir al cine equivale a pasar encerrado dos horas en una pieza oscura, consumir pop corn y tomar coca-cola, mientras una veintena de autos se destrozan en la gran pantalla. Así es señores, contar con producciones nacionales de calidad es un lujo que no podemos pasar por alto.
Cuando fui a ver la primera película de Pablo Larraín, salí decepcionado. Claramente había una buena idea detrás, sin embargo, no la supo desarrollar- pensé-. Fuga era un experimento ambicioso y complejo para un debutante-no quiero decir que no valore el atrevimiento-, pero no llegó a buen puerto. La historia era intrincada y se desarrollaba de manera lenta y poco clara. Muchos personajes eran prescindibles y despreciables, basta mencionar a los músicos que se niegan a tocar la partitura del compositor. En fin, las cosas no salieron bien para Larraín.
Pero como en la vida, siempre hay una segunda oportunidad, sólo hay que buscarla y voilà. Pablo Larraín estrena su segunda película y gana la incondicionalidad de la crítica internacional. A propósito de esto, no puedo dejar pasar la oportunidad para decir- a los que aún no lo sepan- que en nuestro país para que una obra artística sea apreciada como se merece primero debe ser galardonada o elogiada fuera de nuestras fronteras, luego de ello nuestros excelentísimos, pero miopes críticos, periodistas y autoridades logran ver cuanto talento hay en esta larga y angosta faja de tierra, pero eso es cuento aparte.
Luego de pasar por Cannes y ser galardonada en el Festival de Cine Latinoamericano de Tokio, Tony Manero llega a nuestras salas locales. En la cinta, Alfredo Castro interpreta a un asesino psicópata obsesionado con el personaje de John Travolta en Fiebre de Sábado por la Noche.
Raúl Peralta es un cinquentón solitario y reservado. No trabaja y vive en una pensión junto a su pareja. Su pasatiempo es ir al cine a ver una y otra vez "Fiebre" mientras recita de memoria- en un pésimo inglés- los parlamentos de su ídolo. A diferencia de Fuga, Tony Manero es una historia modesta. La trama gira exclusivamente en torno al personaje de Peralta y todos quienes lo rodean ayudan a contar la historia. A diferencia de otros directores, Larraín no cayó en la tentación de colocar a actores inexpertos en los roles de reparto, por el contrario el elenco es sólido y creíble.
La película fue rodada en los barrios antiguos de Santiago (presumo que en Independencia por la cercanía con el río Mapocho). Se utilizaron casas de fachadas continuas y calles con adoquines para crear una atmósfera triste y añosa. Otro punto importante es la iluminación y el ruido añadido en la posproducción, elementos que entregan un efecto visual interesante, que potencia la sensación de volver en el tiempo.
La Película, a pesar de estar ambientada en 1978 no es una cinta política ( pues ya tenemos de sobra), sino todo lo contrario. El Régimen Militar sirve como un elemento narrativo para aumentar la sensación de agobio que inunda esta historia. El personaje de Raúl Peralta siempre está asustado, paranoico. Se mueve por las calles vacías y reacciona con temor cada vez que una sirena suena o escucha algún silbido. Los recursos sonoros -ruidos fuera de campo- aportan mucho a la hora de aumentar el temor que siente el personaje.
No hay música incidental y la banda sonora está compuesta por algunos temas de la película Fiebre de Sábado... y una que otra canción popular que el protagonista escucha durante los ensayos para su debut televisivo. La apuesta fotográfica es interesante, en consonancia con recientes producciones europeas como 4 meses, 2 semanas, 2 días, sin embargo, la iluminación en algunos momentos es bastante pobre. El relato audiovisual es claro y el montaje adecuado, aunque se hecha de menos quiebres en la temporalidad, sobre todo en el final, donde hubiese sido un elemento interesante.
A estás alturas no puedo más que recalcar que Tony Manero es una gran historia y por ende una gran película (aunque no todas las buenas historias se convierten en buenas películas). Sin embargo, y me da pena decirlo, la cinta de Larraín no se escapa de la regla de oro del cine chileno, -¿cuál es? Me refiero a los finales abruptos que dejan al espectador con un signo de interrogación del porte de un buque sobre la cabeza, pues existe una tendencia marcada en nuestros realizadores "serios" (dígase directores con contenido) en darle a sus narraciones finales abiertos y poco claros, abusando de la buena fe del público.
Un buen final es como el sabor que queda en la boca luego de paladear un buen vino, o como la estela que deja al pasar un exquisito perfume. Es un regalo, algo que se prenda y que queda en el inconciente de quien dispuesto generosamente dos horas de su vida para disfrutar un momento mágico. Por lo tanto no puede ser descuidado aludiendo siempre a una postura alternativa que más que a razón estética suena a "chiva" perezosa. Sin duda, es algo que sigue pendiente, en fin...

2 comentarios:
hola que tal, suelo seguir el cine de latinoamerica y me encanta detenerme en los blog cinematograficos, he leido varios post tuyos y me parecen muy bien planteados y el diseño de la pagina es excelente.
un abrazo. jose
Gracias por tu comentario. Es un agrado escribir para gente que aprecia el buen cine.
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